miércoles, 13 de diciembre de 2017

Regina Spektor - Soviet Kitsch (2004)



JORGE: Es diciembre y hace sol, ¿por qué no escuchas mi canción? ¡Hey, ho! ¡Todos al paredón! Y después de este breve inciso fruto de no saber cómo empezar, que nos hable Álvaro de Regina Spektor y sus aires arrusados en Soviet Kitsch, o algo, ¿no?

ÁLVARO: Siempre soy yo el que habla. Bueno, igual no siempre. Soviet Kitsch es el único álbum hasta la fecha que personalmente no había escuchado antes de la elección de nuestras críticas. Si bien amaba el single “Us” que aquí se encuentra y del que hablaremos detalladamente más tarde, por lo que a mí respectaba el resto de la discografía de la señora Spektor me era totalmente ajeno. Pero estoy hablando de mí, así que hablaré de Spektor ahora. Nacida en Rusia y con el sueño (como todos los rusos, a mi entender) de convertirse en pianista clásica, tuvo que emigrar a Estados Unidos porque su familia no estaba cómoda con el antisemitismo que imperaba en ciertos sectores de la sociedad soviética. Convertida en cantautora un poco peculiar, se recorrió los garitos de moda de Nueva York con sus pintorescas canciones, en las que el piano jugaba el papel co-protagonista junto con la voz de Spektor, rica en gorgoritos y matices de ese estilo. Soviet Kitsch fue su tercer álbum y también su debut con un sello de los grandes. Y a partir de ahí, bueno, encontró su sitio en el panteón de las cantantes a un piano pegadas. Creo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Rockrítico Weekly: Adam Green + Robyn + That Petrol Emotion

ADAM GREEN - FRIENDS OF MINE (2003)



A primera vista, Adam Green es otro de esos cantautores indie que son bichos raros con una guitarra en su habitación. Ex-miembro de los Moldy Peaches, banda puntera del movimiento anti-folk neoyorquino que también vio nacer como artista a la persona que nos ocupará en la crítica de la semana que viene, lo que nos ofrece "Bluebirds" de entrada es un sonido soleado y melancólico, como un pop barroco y algo twee, muy de otra época, aliñado con algunas de las letras más extrañas que recuerdo ("Cleaning out my wisdom teeth / I found a diamond in my gums"). La voz de Green es cálida y grave, no especialmente expresiva, pero para eso están las cuerdas, para añadir el preciosismo cuqui que evita que las canciones se parezcan a las de un campamento episcopaliano.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Manic Street Preachers - Everything Must Go (1996)



ÁLVARO: Hoy es el día de la Constitución Española. Dato curioso. Eso tiene que ver, de alguna manera u otra, con el disco que reseñamos a continuación, un clásico de un trío galés que respondían al nombre de Manic Street Preachers. Y como quien nos pidió esta crítica es también nuestro metalero becario, Zlatan, pues le llamamos a filas (o se llamó él, ya no sé) para que nos apoyara. Somos tres, como tres eran los Manics, aunque a nosotros no se nos ha perdido nadie. ¿No?

ZLATAN: Hombre, por el camino han pasado muchos redactores que desaparecieron. Pero tenemos noticias suyas, no como en el caso de Richey Edwards, del que no se sabe si está en la India, en las Canarias, muerto tras tirarse por un puente o preparando su regreso a los Manics.

JORGE: Bueno, ahora que se ha callado el pesado infiltrado este, hablemos los mayores. Como han dado a entender mis compañeros, Richey Edwards, guitarrista y co-letrista de los Manics cuando aún eran cuatro, desapareció un aciago día de 1995, o por ahí. Este disco, que salió un año más tarde, supone la evolución del también increíble The Holy Bible, y en muchos aspectos, si no todos, un puente con la etapa de Edwards y un testimonio de que los Manics no estaban, ni mucho menos, acabados. ¿Sí, o sí?

domingo, 3 de diciembre de 2017

Rockrítico Weekly: Discharge + Die Antwoord + Fripp & Eno

DISCHARGE - HEAR NOTHING SEE NOTHING SAY NOTHING (1982)




Discharge fueron una de esas bandas increíblemente influyentes, que tomaron el punk anti-todo de los Sex Pistols y lo llevaron un par de pasos más allá, tendiendo un puente entre ese género y otras corrientes más extremas como el hardcore o incluso el thrash (sin olvidar a su propio subgénero, el "d-beat", caracterizado por ese ritmo omnipresente: "tum-tutum-tutum"). Hear Nothing See Nothing Say Nothing son veintisiete minutos de tralla pura que abren con el tema de título. Como unos Motörhead punkarras, en minuto y medio se suceden riffs demoníacos, un solo de guitarra vertiginoso y los gritos desaforados del cantante Cal Morris.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Boris - Boris at Last -Feedbacker- (2003)


JORGE: Como flores de cerezo en un invierno en el bosque de Aokigahara, que no sé si tiene cerezos, pero creo que no, este Japomés toca a su fin y cierra sus pétalos con una despedida que parece más una introducción, pero mira, es lo que hay. Total, que volvemos por última vez con un grupo extraño, ecléctico, principalmente instrumental, con canciones que ocupan el disco completo, y un nombre que no me queda del todo claro cómo es. Esto es Boris at Last: Feedbacker, de los tokiotas noiserockeros Boris.

ÁLVARO: Esta será una crítica divertida, en la que diseccionaremos lo que es un clásico que hemos dado en llamar... ah, si ya has dicho como se llama. Es que no te leo, por eso a veces repito cosas. En fin, Boris no es solo el tertuliano salidorro de Crónicas Marcianas (bueno, era, que ya ha llovido), o aquel primer ministro ruso con tanto pelazo, si no también una banda, un power trío japonés, que pese a no gozar de la misma fama en su patria que otros de los que aquí hemos reseñado, son quizá los más respetados fuera de sus fronteras. Lo suyo es el drone, un género muy underground en más de un sentido: suena como si viniera del centro de la tierra, como una masa de magma que se desliza lentamente. Pero no es tiempo de ponerse poéticos.
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